¿Por qué muchas parejas se hablan como bebés?

Cuando te enamoras, nada puede hacerte más feliz que sentir que el hecho de que tu pareja esté igual de enamorada que tú. Saber que tus extremos -y a veces obsesivos- sentimientos que tienes hacia esa persona son recíprocos. A veces es una necesidad simplemente irresistible.

 

 

Nos gustaría explorar cómo ese lenguaje halagador de un amor romántico y apasionado, y su particular neuroquímica, pueden transportarnos a la felicidad y gratificación que sentimos alguna vez en nuestra infancia.

 

Piensa en estos términos que empleamos en las relaciones: bebé, cosita, osito, gatita…

 

Esto es sólo un ejemplo de el “lindo” lenguaje. Sin ninguna duda, tú podrías inventar muchas otras expresiones igual de tiernas, cariñosas y sentimentales.

 

Pero ¿por qué las usamos? Por un lado, las usamos porque la bioquímica de las relaciones amorosas replica nuestras primeras experiencias de amor y de haber sido queridos por nuestros padres. De hecho, en ambos escenarios, están involucrados los mismos neurotransmisores clave:

 

  • Dopamina: Activa los centros de recompensa del cerebro, así, una pareja enamorada es motivada a pasar la mayor cantidad de tiempo posible juntos, al igual que una mamá es motivada a estar todo el tiempo con su hijo. La dopamina se libera cuando una mamá cariñosa demuestra comportamientos de dependencia con su bebé y está relacionada con sentimientos positivos de placer, emoción y euforia, un aumento de energía, y una mayor capacidad de concentración.

 

  • Feniletilamina (o PEA): La feniletimina, es un químico parecido a las anfetaminas y es correlativo a la conexión física y psicológica que se genera entre las parejas. Es el químico del amor y causa los mismos sentimientos eufóricos que una mamá o papá y hijo pueden tener cuando están juntos.

 

  • Oxitocina: Es la hormona del apego emocional o vinculación, contribuye al calmante, reconfortante y feliz sentimiento de el contacto físico íntimo y característico del amor romántico y maternal. En los inicios de nuestras vidas, se libera con el contacto físico y abrazos entre los padres y su hijo. En el caso de las relaciones románticas, se librea durante el orgasmo. Adicionalmente, cuando una mamá y su hijo están separados, pueden vivir un proceso muy poderoso de deseo por volver a estar juntos, de la misma forma que las parejas se echan de menos cuando se separan por tiempos cortos.

 

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Dados los parecidos, es difícilmente una coincidencia que las parejas se llamen “bebé” y que además usen el mismo lenguaje con el cual los padres le hablan a sus “bebés” de verdad.

 

La infancia, especialmente la etapa más temprana, es una etapa en la que nace la necesidad de sentirse aceptado, querido, y cuidado incondicionalmente. Por eso, inconscientemente, nuestro cerebro nos lleva a ese momento cuando estamos en una relación y nos sentimos queridos incondicionalmente.

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